Del estupor al pacto con la realidad (2)

26 de junio de 2018

VIII

El asombro, el estupor, la maravilla son estados en cierto modo paralizantes que quitan el habla y vacían la mente; pueden ser placenteros, dolorosos o aterradores. Los filósofos han discutido si preceden al conocimiento o son su fuente, pero lo importante, en mi opinión, es que deben ser superados, y la superación puede provenir del conocimiento adquirido o de la simple renuncia a comprender. 

IX

El asombro permanente se puede equiparar a la idiocia. A todos nos resulta familiar una especie de proverbio que aconseja “no perder la capacidad de sorpresa”. Efectivamente, la incapacidad de sorprenderse puede ser confundirse con una sabiduría excepcional aunque con mayor probabilidad es el origen de una forma de ignorancia patológica. 

X

Pero no existe una relación necesaria ni suficiente entre el asombro y el conocimiento. Probablemente, en ausencia de otras actitudes y sentimientos, el salto del “no sé” al “ya sé” podría no darse.

XI

Imagino que Adán y Eva, hasta que desobedecieron a Dios, permanecieron en un estado de permanente estupor y admiración. En el relato bíblico no está claro cuál es el móvil que impulsa a Eva a comer del Árbol de la Ciencia del bien y del mal. En algunos relatos se distingue entre el Árbol del Conocimiento y el del Bien y el Mal. En cualquier caso, según la interpretación que yo recuerdo de mi época lasaliana, la acción de Eva se explica como resultado de una curiosidad malsana o de la codicia. Sin embargo, se me ocurren, al menoÑs, otros dos móviles: el aburrimiento y la duda. Todos ellos, de manera concurrente o por separado podrían contribuir a explicar el salto del “Ooohhh” al “Aaahhh”; del estado de admiración al descubrimiento. 

Del estupor al pacto con la realidad (8)

XVIII

La imaginación no es lo mismo que la negación pero ambas resultan difíciles de deslindar en términos generales. La negación tiene un carácter más activo que la imaginación aunque ambas pueden coincidir en los resultados. El olvido, en este sentido, se equipara más a la imaginación por depender menos de la voluntad que la negación. Recordemos que seguimos hablando del mismo tema desde el principio: las condiciones y mecanismos de construcción del mundo, que es una tarea que nunca cesa. Existen momentos en que predomina la voluntad y otros caracterizados por accidentes de la memoria, de los sentidos o de la imaginación. Los límites de la cordura y de la normalidad vienen delineados de manera difícil de rastrear en este juego de contraste entre la afirmación del yo y de la libertad interior y la consistencia con un presunto mundo objetivo que tiene tanto de intersubjetivo. La trangresión y la divergencia alimentan la riqueza del mundo. En parte, la figura del loco, venerada por lo antiguos al considerarlo en contacto con los dioses, es fundamental para renovar el mundo con mensajes e interpretaciones nuevas u olvidadas.

Del estupor al pacto con la realidad (7)

XVII

El olvido en general y, en particular, el olvido de los orígenes (de las palabras, de los ritos, de uno mismo) también son coadyuvantes en los procesos creativos y de re-creación en el doble sentido del verbo “recrear”. Fernando Savater seguramente avalaría esta tesis. Los procesos de creación/recreación pueden ser originales o derivativos, el olvido juega un papel fundamental en los segundos, cuando se olvida lo aprendido, y más limitado en los primeros, cuando se olvida la nada primordial, el orden del caos, la plenitud del vacío….

Del estupor al pacto con la realidad (6)

XVI

Volviendo al proceso individual-colectivo de “construir el mundo” o de “amueblarlo”. Es una actividad que se inicia en soledad prácticamente absoluta. Lo único que ya une al neonato con sus congéneres desde el momento de nacimiento es el aparato que contiene las condiciones y predisposiciones para adquirir el habla. En este sentido, debe recordarse que el habla, aunque se la llame “facultad”, no es optativa para el anima humano sino una necesidad. Por supuesto, también el aparato sensorial es común a los miembros de la especie pero el aparato sensorial, per se, ni une ni comunica y contiene, probablemente, infinitos modos de desarrollo. Así que la comunión con otros se produce a través de la adquisición de un lenguaje que ya existe antes del nacimiento. Esto redunda en lo que señalaba sobre la capacidad inocua de nombrar: no es resulta definitiva como tal. Lo crucial es la capacidad de construir un discurso, una descripción y una explicación plausibles sobre la experiencia y, sobre todo, susceptible de ser compartida. El aprendizaje del lenguaje y el discurso sobre el mundo son respuestas adaptativas.

Del estupor al pacto con la realidad (5)

XV

Según Mumford, un periodo considerable de la evolución ha sido necesario para que el ser humano, a través del rito y otras actividades, llegara al alcanzar cierto control sobre su imaginación. La imaginación domesticada nos permite distanciarnos de lo presente y de lo real, y hasta de nosotros mismos. Esta capacidad de mirar desde fuera y a distancia está en la base del desarrollo extraordinario de la ciencia moderna.

Del estupor al pacto con la realidad (5)

XV

La ciencia ficción se apoya y excita el conjunto de capacidades, predisposiciones, actitudes y facultades y lo hace reproduciendo la situación de estupor original. La obra de ciencia ficción nos coloca ante una realidad radicalmente nueva y nunca antes experimentada que se rige por leyes desconocidas. La contrapartida del estado de admiración o estupor en que nos coloca la ciencia ficción es el hecho de transportarnos a un nuevo lugar que nos brinda una nueva perspectiva. Ganar distancia es ganar perspectiva. No hemos sido capaces todavía de extraer las consecuencias de la estricta relación entre distanciamiento, cambio de perspectiva y conocimiento.