¿Ciudadano y militante?

De cara a la Asamblea del próximo día 14 de mayo y con vistas a las elecciones que renovarán los órganos políticos de PODEMOS en el Pais Valencià, quisiera compartir las siguientes reflexiones.

Estamos atravesados, individual y colectivamente, por una serie de tensiones y contradicciones. Me parece fundamental abordar la tensión entre lo político, lo organizativo y lo institucional. Simbólicamente, esta tensión es la que se da entre la experiencia y el legado político del 15-M; y la experiencia de la vida orgánica en un partido político que se define como “instrumento político del cambio” pero que hasta ahora no ha pasado de ser una marca electoral prodigiosamente exitosa.

Considero urgente gestionar esta tensión porque, de lo contrario, seguiremos caminando entre dos abismos: el del faccionalismo impotente y el del gregarismo totalitario.

Seguramente, muchos hemos pensado hasta hace poco que la acción política es incompatible con la militancia en un partido político y, desde luego, con la responsabilidad de gobierno. Y ahora estamos en un partido político y queremos llegar al gobierno.

Personalmente, necesito demostrarme que nuestra libertad política es intangible y que la pertenencia a un partido no supone un riesgo ni una contradicción.

Mi estrategia para gestionar esta tensión se basa en dos elementos:

Por un lado, intento distinguir permanentemente entre el poder político y el poder de las instituciones; entre nuestro poder y el que ostentan nuestr@s representantes; entre nuestra acción y las decisiones orgánicas.

Por otro, procuro recordar cotidianamente mi doble condición de militante y ciudadano. Como militante, me debo a mi partido y a mis compañeros y compañeras aunque sin perder de vista que la vida orgánica y el gobierno de las instituciones es sólo un medio para un fin. Ahora bien, en mi vida cotidiana, como ciudadano, mi inspiración más inmediata es el recuerdo de las gentes en las plazas, haciendo y actuando juntas. El 15-M recuperó para todos y todas el hilo frágil que nos conecta con la tradición revolucionaria más prometedora y siempre derrotada. No rompamos el hilo. Es lo más valioso que podemos transmitir a los que vayan llegando.

Lo único que sé de la política es que es frágil; que es fuente de alegría colectiva; que todos y todas estamos convocad@s por igual; que es huidiza porque sólo emerge allí donde nadie manda ni obedece, donde nadie sabe más que nadie y donde nadie le debe la vida a nadie. Pero, sobre todo, que la política es incompatible con la soledad y que la libertad política se teje entre tod@s aquí y ahora.

José Luis Martínez Llopis

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