De la globalizazión a la autodeterminación

Tal como anunciaba en mi último post, la semana pasada di una charla titulada “De la globalizazión a la autodeterminación“.

Inicialmente, tenía el propósito de basar mi exposición en un artículo de Ronald Osborn que confronta el cosmopolitismo normativo de Seyla Benhabib y el localismo agrarista de Wendell Berry, aunque después de muchos rodeos, decidí presentar una infografía que presenta a grandes rasgos la evolución histórica del sistema internacional, la de los sistemas económicos y algunos hitos clave. En definitiva, la historia de la integración de la humanidad en un mundo globalizado.

INFOGRAFIA SISTEMA INTERNACIONAL

INFOGRAFIA SISTEMA INTERNACIONAL

Lo que pretendía, en primer lugar, era poner de manifiesto la correspondencia aproximada entre el régimen internacional y sistema económico hegemónico en cada fase histórica. Hasta el siglo XVII,  la economía es una actividad encerrada en la esfera privada -de ahí la denominación de “hogareña”. En el siglo XVII, la expansión de las actividades productivas rompe el confinamiento de lo económico en el recipiente familiar y se consolida un nuevo recipiente llamado “estado-nación”. Nace así la economía nacional como resultado del desbordamiento del ámbito familiar y el designio del gobierno del estado. Hasta aquí el protagonismo del gobierno del estado en la actividad económica está fuera de toda duda, independientemente de sus errores y aciertos.

MERCADO AUTORREGULADO-ESTADO BIENESTAR

MERCADO AUTORREGULADO-ESTADO BIENESTAR

La inflexión crucial en el proceso de globalización se da durante la Paz de los Cien Años, cuando la utopía del mercadoautorregulado, en expresión de Polanyi, transforma no sólo la economía sino las sociedades nacionales y el sistema internacional. Según Polanyi, el intento de implantar un mercado autorregulado provocó tales dislocaciones sociales y ecológicas que se encuentra en el origen de la destrucción que arrasó el mundo entre 1914 y 1945. Desde nuestra perspectiva, lo que ocurrió es que la liberación de las fuerzas productivas a través del mecanismo de mercado rompió los recipientes de las economías nacionales creando una nueva dimensión llamada economía global, ajena a todo tipo de límites, controles o gobierno.

Es importante señalar que el cambio de escala -de lo interestatal a lo global- provoca un salto cualitativo en la naturaleza y el funcionamiento del sistema mundo. Si la humanidad ha estado organizada durante la mayor parte de su historia en torno a la familia o la comunidad local como unidad de producción/consumo, tras la breve fase de las economías nacionales, el mundo se ha convertido en la unidad económica hipercompleja. ¿Una familia global?

El gobierno de una familia tan enorme plantea, de entrada, dos cuestiones: la de la eficacia y la de la legitimidad. Aparentemente, sólo Dios podría reunir ambas condiciones. Por otro lado, la globalización, en cuanto significa la transformación del mundo y la humanidad en una unidad económica, consuma la desaparición de la esfera pública. El sometimiento de todos, sin excepción, al ciclo económico, a la necesidad que este impone, conduce a la trivialización de la libertad humana.

Además de las cuestiones señaladas -efcicacia, legitimidad y trivialización de la libertad- se plantea otra de carácter metafísico: si históricamente el  mundo ha estado constituido por la pluralidad de unidades económicas y de gobierno, ¿qué consecuencias puede tener la subsunción de toda la pluralidad en una unidad superior?

Mi charla terminaba planteando que el modelo de la gobernanza se basa en presupuestos cuestionables: la globalización no es positiva, no es inevitable y no es gobernable. Por ello, propongo actuar en sentido contrario, es decir: políticamente, acotando espacios de autonomía frente a la dimensión global, transformando las prácticas económicas, arraigandolas en la tierra y en lo local, superando las dependencias. La reconstitución de lo político-localizado exige la constitución de lo económico-localizado, y viceversa: la autosuficiencia depende de la autodeterminación, y viceversa. La localización combinada con la autosuficiencia y la autodeterminación impone la reconstrucción y el reconocimiento de límites -ecológicos, sociales…- que desde una perspectiva global permanecen invisibles. En fin, el único modo de poner freno a la expansión ilimitada es actuar localmente. En un mundo globalizado el único éxodo posible es el que nos lleva a reapropiarnos de lo local. La reconstitución política de lo local tiene un doble efecto: la constitución de la libertad, en el sentido de Hannah Arendt; y la desintegración de lo global.

José Luis Martínez

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