Sobre “Big data: la revolución de los datos masivos”

¿A qué se refiere la expresión “datos masivos”? A las potencialidades de “hacer hablar a los datos”. Más claramente: cuando alguien dispone de una cantidad masiva de datos -por ejemplo, empresas como Google o Facebook- y de los medios técnicos para procesarlos adecuadamente puede establecer correlaciones entre datos que resultan invisibles de otro modo. Estas capacidades, que se han hecho posibles en los últimos años, permiten predecir fenómenos sin contar con una teoría que establezca relaciones causales entre fenómenos. Por ejemplo: Google diseñó un sistema -tomando 50.000.000 de términos de búsqueda y procesando 450.000.000 de modelos matemáticos- que permitía detectar “correlaciones entre la frecuencia de ciertas búsquedas y la propagación de la gripe a lo largo del tiempo y el espacio”. Las potencialidades del uso de datos masivos para predecir y anticiparse al futuro están todavía por explorar. El libro de Mayer-Shönbeger y Cukier expone con sencillez el estado de la cuestión y plantea algunas preguntas sobre los riesgos del nuevo paradigma.

Big-Data

Mientras ultimo un post más exhaustivo sobre el tema de los datos masivos, presento un anticipo de los aspectos que me parecen más interesantes de este fenómeno.

En primer lugar, el paradigma de los datos masivos es fruto de una evolución social, cultural y tecnológica -llamada habitualmente “sociedad de la información”- y en ese marco complejo debe comprenderse. Todo cambio, toda nueva capacidad entraña siempre riesgos y oportunidades, y creo que en estos momentos de transición el aumento de la incertidumbre nos lleva a exagerar tanto lo positivo como lo negativo. Los aspectos tecnológicos de esta evolución son bastante conocidos. Sin embargo, pienso que carecemos de conocimiento sobre el modo en que todo ese aparato tecnológico ha transformado a la humanidad y al ser humano concreto. Desde este punto de vista, son interesantes por igual las transformaciones el cerebro de los individuos digitales y las que experimenta nuestra especie considerada como una totalidad orgánica y cultural. De momento, me atrevo a predecir sin necesidad de utilizar ningún algoritmo mágico- que la mayoría de los estudios sobre el llamado “paradigma de datos masivos” se centrará en explorar los modos de exprimir el valor económico de los datos masivos, que, como anuncian los gurús, se han convertido en el nuevo “oro negro” de la economía.

En segundo lugar, las consideraciones que hacen los autores acerca de las implicaciones de los big data sobre la causalidad, el libre albedrío, la responsabilidad personal me parecen bastante banales y tirando a sensacionalistas. Dicho esto, las potencialidades de la correlación de datos masivos me parecen prometedoras sólo si se cumple una condición: que el nuevo poder -que en el límite es poder para configurar el futuro- no quede concentrado en unas pocas manos. Esto es, sin duda, una buena razón para el pesimismo.

Retrospectivamente, Facebook se puede concebir como un experimento sociológico extremadamente exitoso. Recuérdese que hace bastantes años Mercedes Milá utilizó esta expresión para explicarnos la relevancia del reality “Gran hermano”. La relación no es casual ni banal pero sí muy reveladora. De hecho, ahora que empezamos a entender lo que pasa cuando se generan datos masivamente, se almacenan y se procesan, Facebook se puede interpretar como una inmensa jaula poblada por 1.000.000.000 de ratones libres y felices –que no han sido violentados ni drogados ni expuestos a virus asesinos- que han accedido libremente a ser datificados, registrados, observados, cuantificados, etc… Y, ¡oh sorpresa!, resulta que el procesamiento de toda la información generada por los ratones a cada movimiento tiene potencialidades inauditas y todavía por descubrir. Es decir, ahora ya no genero valor económico durante las diecinueve horas semanales que trabajo en mi empresa sino también durante el tiempo de ocio en que me dedico a navegar por la red o, simplemente, por el mero hecho de poseer un dispositivo smart. No deja de ser paradójico y cachondo que en plena era del conocimiento mis capacidades intelectuales coticen a la baja -ahora cobro la mitad que hace un año- mientras que el movimiento de mi muñeca y de mi índice -eso sí, ingeniosamente agregado al de otros 1.000 millones de desconocidos- se ha convertido en un filón.

Bueno, a estas alturas mi problema como usuario de Facebook ya no es la protección de mi privacidad ni conseguir una participación equitativa en el valor que generan los movimientos de mi cola sino el hecho infinitamente más preocupante de que me he convertido, propiamente, en un ratón de laboratorio.

¿Hacia dónde vamos? Si los autores de Big Data anuncian alegremente “el fin de la causalidad y de la teoría”, yo podría decir que “el mundo va camino de convertirse en un laboratorio”, lo cual como titular periodístico puede resultar excesivo pero como argumento de ciencia-ficción resulta prometedor.

José Luis Martínez-Llopis

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