City by instalments I

Hace cuatro años tuve una idea peregrina: fundar una ciudad. Necesitaba gente pero este no es el tipo de cosa que uno puede anunciar por ahí. Por otro lado, con la familia no se puede contar para una iniciativa política. Por ello, hablé con un par de amigos que me conocen y me quieren: entre nosotros la vergüenza está prácticamente descartada. Se unieron a la iniciativa. Esto es lo que llamé «phyliarchia»: la amistad como principio político. 

Ignoraba absolutamente hacia dónde podría conducirnos esta iniciativa. Sólo sabía desde el principio que mi boutade era un efecto colateral de mi reciente paternidad: el nacimiento de Mauro me impulsó construir un nuevo lugar en el mundo para todos nosotros. Este es probablemente un patrón arquetípico o quizá sólo una idea naïf. La parte positiva es que mis amigos y yo nos hemos embarcado en una aventura política que nos está llevando a lugares y revelaciones jamás imaginadas. 

Ninguno de nosotros tenía la menor idea de lo que significa «fundar una ciudad». Discutimos muchas cuestiones y dijimos algunos sinsentidos. Pronto nos dimos cuenta de que todo lo que teníamos que hacer era actuar como ciudadanos de nuestra ciudad. Al principio no nos sentíamos a gusto en una ciudad tan caótica:  hecha de sólo tres ciudadanos que viven a más de 15 de kilómetros entre sí, rodeados de miles de personas que ignoran su repentina condición de bárbaros. Cada objeto estaba ahí para separarnos en lugar de mantenernos unidos: los edificios, las carreteras, los coches, los trenes… También la costumbre de trabajar –al menos cinco días a la semana, con horarios fijos y demás incomodidades– de la que todavía no hemos conseguido liberarnos, interfería odiosamente en nuestra nueva vida política. Pero con el tiempo hemos ido diseñando algunas estrategias que alivian estos inconvenientes. No tenemos nada, excepto libertad de palabra cuando estamos juntos.

Puesto que la hospitalidad y el pacifismo son nuestras banderas; puesto que nuestra tasa de inmigración es nula y la conquista militar está descartada, hemos implementado durante un tiempo lo que llamamos la «política de la mesa caliente»: consiste en invitar a gente a comer, gratis, sin necesidad de que cocinen o limpien los platos, etc…

El resultado de esta política es mixto: los ciudadanos se han multiplicado pero sólo vienen a la hora de comer.

 

 

 

 

 

 

NdA: Esta serie la escribí originalmente en inglés. El título significa, dado el contexto, Ciudad por entregas. Llevaba por subtítulo Historia de la fundación de una ciudad en tiempo real. No lo he traducido porque quería conservar el doble sentido de «instalment», que significa «entrega» –como en «folletín por entregas»– y «cuota», en el sentido de pago regular –como en «cuota de la hipoteca».

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