La mala educación: el derecho a no saludar

El pasado 4 de junio una decena de universitarios rehusaron saludar al ministro de educación José Ignacio Wert durante la entrega de los premios nacionales Fin de Carrera del curso 2009-2010. La secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, presente también en el mencionado acto, expresaba hace pocos días su profundo malestar por “un gesto tan maleducado”. “Me parece que si realmente su posición es de rechazo a la institución que representamos, el Ministerio en este caso, por las políticas que hemos decidido, entonces hubiese sido más coherente no aceptar esos premios ni la ayuda económica que va asociada” argumenta la secretaria. En su opinión, estos estudiantes están muy equivocados si creen que con “un gesto tan maleducado van a conseguir algo”. Se está “perdiendo el respeto a poder discrepar de forma educada, debatir con tranquilidad, con sensatez y racionalidad posiciones por muy enfrentadas que estén”. “Me parece triste” declaraba la secretaria de Estado de Educación. Estoy de acuerdo con ella. A mí también me parece triste, triste y preocupante. Porque de nuevo una persona que ejerce por delegación un cargo público tan importante vuelve a confundir continente y contenido, gestión y propiedad. Los alumnos obtuvieron esos premios en base a su esfuerzo personal, independientemente de quién estuviera ejerciendo la responsabilidad en el ministerio. Son ellos quienes con su trabajo y dedicación ganaron dicho reconocimiento. Y con satisfacción deciden recoger ese premio a su trabajo. No rechazan la institución, ni rechazan el procedimiento por el que se les gratifica su esfuerzo. Por tanto, tienen el derecho y el placer de recoger dicho galardón. Y lo coherente es recogerlo y aceptarlo. Respeto por tanto a la institución. Pero ello no implica aceptación sumisa de las ideas que a través de la misma se proponen por las personas que en estos momentos y de forma temporal la gestionan. Y no obliga a tender la mano a personas en las que no se confía. Hay a quién le gustaría que como en tiempos antiguos necesariamente hubiera que arrodillarse ante la autoridad. Afortunadamente, hoy puedo y estoy en mi derecho a manifestar mi discrepancia. Desde la tranquilidad, sin ruidos y alharacas. A la secretaria de estado le parece un gesto feo no dar la mano a alguien en quien no se confía. Es una opinión respetable, sin duda. Como lo es no darla. Puede que para la secretaria el protocolo sea más importante que la sinceridad. Pero algunos pensamos que la honestidad y la coherencia tienen más valor. Por lo demás, tal vez tenga razón y los estudiantes que negaron el saludo estén equivocados si piensan que con ese gesto van a conseguir algo. Pero puede estar equivocada al pensar que no han conseguido nada o que todo el mundo hace las cosas para conseguir algo. A veces las personas hacen las cosas por pura honradez, por pura coherencia, sin esperar conseguir nada a cambio o incluso siendo conscientes de lo que pueden perder. Otros siguen añorando los viejos tiempos en que la educación se equiparaba a la reverencia y la sumisión obligada.

By Emilio J.😉

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