La ciudad y la palabra: Estambul habla claro

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El post “What is happening in Istambul?” İnsanlik Hali-, que está teniendo bastante seguimiento en la blogosfera, tiene la virtud de plantear con nitidez y sencillez la cuestión clave de toda revolución ciudadana. ¿Qué movilizó a la gente de diferentes ideologías y religiones de los alrededores de Estambul? Dice el blogger:

Se unieron parar evitar la demolición de algo más grande que el parque Gezi: El derecho a vivir como ciudadanos honorables de este país.

Sólo queremos vivir con dignidad humana.

A la pregunta de qué espera ganar quejándose a los extranjeros –a través de Facebook- de lo que ocurre en su país contesta:

“Espero ganar la libertad de expresión y de palabra.”

Como ya he dicho en otros lugares, me parece conmovedor que alguien, en una situación tan turbulenta, cuando el gobierno está empleando una violencia desmedida para aplastar un movimiento ciudadano, reivindique la libertad de palabra.

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BAYER Herbert – LIBERTAD DE CULTOS, LIBERTAD DE PALABRA, LIBRES DE MISERIA, LIBRES DE TIMOR

No podemos dejar de expresar nuestra solidaridad con nuestros semejantes que se ven sometidos a cualquier tipo de violencia: en Turquía, en Siria, en Egipto o en Estados Unidos. Pero la mejor forma de solidarizarnos pasa por aprender con ellos y fortalecernos para enfrentarnos a las amenazas que nos acechan aquí, que en el fondo son las mismas. Llevamos años protestando por los recortes, por la reforma laboral, por la privatización, por la destrucción del estado del bienestar. Pero no nos podemos quedar ahí. No se trata de optar entre la vida y la libertad, ni entre la existencia y la dignidad pero la acción ciudadana se forja más allá de la lucha por las necesidades básicas.

La ciudad es el lugar de la articulación primaria de lo político. Los lazos y los espacios políticos emergen en la ciudad, en el barrio, el pueblo. La ciudad es el más antiguo recipiente de la voz y la palabra. Uno no puede ser ciudadano del estado –o del mundo- en el mismo sentido en que lo es de la ciudad donde reside. Hay muchas plazas y muchos solares y edificios que defender, liberar, ocupar, reapropiar en cada ciudad. Defender y liberar de la privatización y de la mercantilización; ocupar y reapropiar con nuestros cuerpos y nuestras voces. La razón última para estar juntos es que la voz y la palabra no sirven de nada en la soledad.

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En los últimos años, el ‘derecho a la ciudad’ se ha convertido en una etiqueta que aglutina a una gran cantidad de movimientos, escuelas, grupos de investigación e, incluso, instituciones. Aunque el nombre –tomado del título de un libro de Henri Lefebvre- no me entusiasma y aunque no comparto muchos de los enfoques que ahí se reúnen, me parece fundamental adoptar la perspectiva de la ciudad como marco para comprender nuestra situación y para articular nuestra acción política. La perspectiva de la ciudad transforma radicalmente el contexto en que se plantean los debates, reduce el nivel de abstracción, minimiza la necesidad de representación, diluye la polarización, mantiene una escala humana. La perspectiva de la ciudad anuncia la transición de la ‘ciudadanía’ como sinónimo de ‘población’, de ‘censo’, es decir, como categoría esencialmente pasiva a la ciudadanía política.

Los argumentos a favor de rearmar políticamente la ciudad, a favor de que nos encontremos con nuestros iguales en las calles y en las plazas de nuestra ciudad, son muchos y muy variados. Yo siento cierta debilidad por el argumento evolutivo: la adquisición de la facultad del habla -y su conservación- depende estrictamente de nuestra tendencia a estar juntos. Pero la forma de estar juntos depende en gran medida del uso que hagamos de la voz y la palabra y viceversa. Nuestro poder no depende tanto de “ser una sola voz” sino de articular el mayor número posible de voces, que nunca podrán ser todas. Como dice Hannah Arendt:

El poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacías y los hechos no son brutales, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usan para violar y destruir sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades.

El poder es lo que mantiene la existencia de la esfera pública, el potencial espacio de aparición entre los hombres que actúan y hablan.

                                                               La condición humana

José Luis Martínez Llopis

FentCiutat

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