Estambul y el uso de la palabra

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¿Qué pasa en Estambul? El establishment –políticos profesionales, prensa, organizaciones de defensa de la paz y los derechos humanos, etc…- dicen poco porque esta ópera viene sin libreto. Haría falta ponerse a mirar, a escuchar, a pensar, a comprender, a ponerse en el lugar de… porque aquí no basta con leer lo que dijo tal o cual experto ni buscar una guía en tal o cual resolución del partido o en el argumentario de turno… Esto es buena señal.

¿Qué pasa aquí? Podemos indignarnos más todavía, podemos congratularnos pensando que la revolución mundial avanza, podemos montar una cacerolada ante la Embajada de Turquía… Pero también deberemos extraer las conclusiones pertinentes para nuestra lucha ciudadana. El Parque Gezi como la Plaza Tahrir nos sirven para conocernos mejor como movimiento ciudadano. El frente atraviesa cada ciudad, la palabra es nuestra pero el espacio donde pronunciarla para que se nos oiga y se nos vea debemos hacerlo nuestro.

¿Será necesario que nos sigan rompiendo la cara para que entiendan qué es lo que perseguimos?

“Qué está pasando en Estambul?” Según ‘el periódico global en español’:

Aunque unidos en sus llamamientos a la dimisión del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, los manifestantes, en su mayoría jóvenes, siguieron sin expresar de forma unitaria una serie de demandas o de condiciones para su retirada de la plaza de Taksim, origen y centro de las protestas.

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El blog Insalik Hali, en cambio, sintetiza en cuatro puntos lo que persiguen los ciudadanos de Turquía:

  • Libertad de expresión,
  • Respeto de los derechos humanos,
  • Capacidad para decidir sobre el propio cuerpo,
  • Derecho de reunión.

El orden en que se formulan las reivindicaciones, poniendo el derecho a la palabra por delante de las demás, es una conmovedora lección de lo que significa ser ciudadano.

Para los habitantes de una democracia europea occidental, la libertad de expresión y el uso de la palabra puede parecer una cuestión superada: “aquí todo el mundo dice lo que le viene en gana”. Eso es cierto. El problema es que la libertad de expresión y el uso de la palabra, aunque se enuncien como derechos individuales, carecen absolutamente de sentido si no se dan las condiciones políticas adecuadas. Y tales condiciones políticas cada día están más ausentes en nuestros países. Pero la libertad de palabra no se pierde cuando un policía te parte la boca: se ha perdido mucho antes.

Resulta extremadamente problemático describir tales condiciones políticas de la libertad de expresión sin resultar enigmático o trivial. La cosa tiene que ver con nuestra forma de estar juntos, con la articulación política de los ciudadanos, con la estructuración del diálogo público, con la existencia de un espacio público. No me gusta hablar de “derecho a la libre expresión”, entre otras cosas, porque en esa expresión se pierde justamente lo que hace del uso de la palabra una condición esencial de la vida política. Quizá es mejor no decir demasiado sobre la libertad de palabra porque para eso están las palabras mismas.

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José Luis Martínez Llopis

FentCiutat

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