Política I: Sobre nuestras capacidades destructivas

Son buenos tiempos para la Política. En tiempos de emergencia, la posibilidad de engañar y de ser engañados se reduce drásticamente porque los espíritus se afinan y los daimones nos revelan con mayor nitidez. Puede parecer un lugar común recordar que nuestra condición de seres políticos, basada en la capacidad de habla y de discurso, es lo que nos distingue del resto de los animales. A menudo actuamos como si la facultad del habla fuera un regalo o un elemento decorativo. Por el contrario, el habla es un elemento esencial de nuestro modo de estar en el mundo y de nuestra viabilidad como especie. Desde esta perspectiva, el habla, junto con el resto de facultades psicolingüísticas, es tan vital para la supervivencia de la especie como nuestra capacidad de producir objetos o de cultivar la tierra. Esta afirmación no es especulativa ni retórica. De hecho, existe una conexión obvia entre el uso pernicioso del lenguaje y el uso destructivo de nuestras capacidades productivas. Dicho más claramente: el arsenal nuclear y el sistema de producción capitalista, que desafían por igual el sentido común y el bien común, se sostienen a costa de una devaluación creciente y constante de nuestras capacidades lingüísticas. En el límite, la batalla por la supervivencia es política.

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