Modelo productivo y economía de la ciudad

Una de las desviaciones de la Modernidad ha sido la excesiva fe en la eficacia performativa del Derecho: no todo se hace o se deshace a fuerza de palabra. Esto ha dado lugar a numerosos espejismos de los que nos costará librarnos, entre otros, el de confundir derechos y política. En mi opinión, ni siquiera la lucha por los derechos es propiamente política, pues es la lucha de David contra Leviathan reclamándole mayor protección.

Desde una perspectiva diferente, suscribo el eslogan “The economy, stupid” que hizo famoso Bill Clinton. No podemos seguir hablando de derechos, de gobierno y de política sin abordar seriamente la cuestión del modelo productivo. Es necesario pensar un modelo productivo que, por sí mismo, sea socialmente más eficaz y más equitativo. No se puede cargar sobre el gobierno y sobre los derechos la tarea hercúlea de corregir todos los daños colaterales que provoca el sistema económico vigente.

No se trata de inventar un nuevo modo de producción porque tal cosa no está a nuestro alcance sino de construir colectivamente, mediante la participación y también mediante la planificación bottom-up modelos económicos –de producción y de consumo- sostenibles y a escala humana. Algunas teorías pensadas en el marco de los Development Studies para ser aplicadas a los países del Sur deberían trasladarse a nuestro entorno y ser reinterpretadas. Desarrollo humano, calidad de vida, no dependencia, re-localización económica son algunos de los conceptos que deberían concretarse en el proceso.

Toda esta reflexión debe tener como marco el territorio: la ciudad, el barrio, el área metropolitana, la comarca,… Porque la soberanía, la autosuficiencia, la equidad cambian de significado según se apliquen a un territorio compacto y reducido o a una abstracción jurídica y estadística como es el estado. El estado, el comercio internacional, la gran industria y otras realidades económicas supra-ciudadanas tienen su lugar, desde luego, pero la única manera de protegerse eficazmente del “molino satánico” de Polanyi y de crear una economía humana pasa por la constitución de economías ciudadanas sostenibles social y ecológicamente.

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