Ciudad, autodeterminación y proceso constituyente

Acabo de leer un artículo titulado Eco-localismos y resiliencia comunitaria frente a la crisis civilizatoria de Joseba Azkarraga y otros (http://polis.revues.org/8400) que analiza las Iniciativas de Transición dirigidas a hacer frente a desafíos globales como el “peak oil” y el cambio climático como ejemplos exitosos de resiliencia comunitaria y autosuficiencia local.

Desde FentCiutat promovemos la idea de que las ciudades, los pueblos, los barrios deberían convertirse, a través de un proceso de articulación política, en unidades básicas de organización económica y política dotadas de un cierto nivel de autosuficiencia. El argumento básico para defender esta radical transformación es que la libertad política y la autodeterminación comunitaria exigen re-localizar los centros de decisión sobre producción y consumo y la constitución de comunidades políticas locales, es decir, ligadas a la residencia. Se trata de la reivindicación de una ciudadanía vinculada al territorio frente a la ciudadanía abstracta que tiene como referente el estado nación. Esta última está hecha de derechos mientras que la ciudadanía localizada está hecha de capacidades de hacer y de ser en el marco de una comunidad.

En esta línea, parece fundamental establecer vínculos sólidos entre ciudad -entendida como comunidad local-, ciudadanía -entendida como modo de inserción política y económica de los individuos en la comunidad- y autodeterminación -entendida como capacidad de forjar el propio destino. La propuesta se basa en una concepción particular de la política, entendida como la actividad y la esfera de acción que puede emerger cuando una comunidad ha alcanzado cierto nivel de control sobre las necesidades. Eso implica que sólo determinados modos de organizar la producción y el consumo permiten la emergencia de la esfera política. La sociedad de mercado, que es una economía de la escasez, precisamente, porque se funda sobre la multiplicación constante de las necesidades, es incompatible con la emergencia y conservación de relaciones políticas entre ciudadanos.

Nuestras vidas están articuladas, a pesar de las apariencias, en torno a la cobertura de un sofisticado catálogo de necesidades en constante expansión y renovación, lo que nos priva de la posibilidad de actuar políticamente y nos amarra a la esfera económica en un ciclo sin fin de producción-consumo-producción. En ese sentido, nuestra sociedad de mercado imita el ciclo vital de Naturaleza. Es este ciclo o, parafraseando a Polanyi, este “molino diabólico”, el que necesitamos detener si queremos evitar la destrucción de nuestra humanidad y de la Naturaleza de la que formamos parte. Acaso convenga releer a Hayek para conocer mejor el engendro que formamos entre todos.

Las Iniciativas de Transición parten de un supuesto diferente: la necesidad de reducir nuestra dependencia de las energías fósiles. Sin embargo, el tipo de procesos políticos y económicos que desencadenan este tipo de iniciativas puede dar como resultado el tipo de transformaciones necesarias para aumentar la resiliencia y la capacidad de autodeterminación de las comunidades locales de las que depende la emergencia de una genuina esfera política y de una ciudadanía empoderada.

Si los movimientos y las iniciativas que, a nivel de la ciudad, los pueblos, los barrios, están luchando por constituir espacios, tejidos y relaciones de resiliencia y de autonomía consiguen consolidarse y articularse políticamente, la ciudad -las comunidades locales- habrá de jugar un papel de primer orden en el futuro proceso constituyente. Esta es una de las condiciones necesarias para que la asamblea constituyente pueda ser un elemento transformador y de emancipación.

2 comentarios en “Ciudad, autodeterminación y proceso constituyente

  1. Respuesta general a diversos posts.
    ¿la ciudad puede ser una unidad de convivencia y organización social óptima? Yo creo que no, somo egoístas, hemos tenido que llegar hasta aquí para de verdad movilizarnos, plataforma anti desahucios, plataformas contra las reformas en sanidad, plataformas contra las reformas en educación… Y antes qué? No se desahuciaba?, no temíamos sufrir algún problema de salud con la incertidumbre de no saber cuándo nos mereceríamos ser atendidos? Acaso no somos desde hace mucho el país con el índice de nivel cultural más bajo?
    Así que ¿por qué íbamos ahora a Ferciutat?
    Cuando esto pase,o no, seguiremos todos con nuestras vidas, ajenos a las de los demás. Quien pueda, seguirá contratanto productos bancarios que supuestamente nos hagan la vida más fácil, conscientes, como siempre, aunque intentando no pensar en ello, de que más que facilitárnosla, nos la enmascaran como al cerdo chino con salsa agridulce.
    Quién pueda contratará un seguro médico privado para no tener que hacer esas incómodas colas, y no pensarán en los centros de urgencias que se han ido cerrando sistemáticamente dejando a muchos sin sanidad, ni pública ni privada.
    Volverán a echar a la calle a nuestros vecinos, con suerte no a nuestros amigos… Así qué ya no dolerá tanto.
    Pero leyendo estos posts, lo que más me alegra, es ver que por fin esos expertos en derechos humanos que siempre han trabajado por y para los DERECHOS HUMANOS, pero, los de otros, ahora se unen para “ferciutat”, y espero y confío, que aunque todo esto acabe, ellos, con o sin nuestra ayuda, sigan luchando y creyendo que esa utopía es posible.

    • Ya que mencionas el “cerdo chino”: la clave consiste en cocinárnoslo todo nosotros mismo. El sentido de “Ferciutat” es guisar y comer en buena compañía.
      No hay que ponerse melodramáticos: esta crisis no es el fin ni el principio de nada y Fentciutat no es una respuesta coyuntural a esta crisis sino una iniciativa para recuperar el control de nuestras vidas y eso no es posible sin ti.
      Esto no es ni utopía ni movilización, es sentido común en construcción.
      Marco Polo lo expresa así al final de Le città invisibili:
      “L’inferno dei viventi non è qualcosa che sarà; se ce n’è uno, è quello che è già qui, l’inferno che abitiamo tutti i giorni, che formiamo stando insieme. Due modi ci sono per non soffrirne. Il primo riesce facile a molti: accettare l’inferno e diventarne parte fino al punto di non vederlo più. Il secondo è rischioso ed esige attenzione e apprendimento continui: cercare e saper riconoscere chi e cosa, in mezzo all’inferno, non è inferno, e farlo durare, e dargli spazio.”

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