Asamblea constituyente, modelo productivo y revolución ciudadana

Cada día se oye con más fuerza: “hay que hacer algo, hay que tomar la iniciativa” pero no está muy claro cuál ha de ser el objetivo de la iniciativa. El grupo de “Constituyentes” tiene una propuesta tangible: celebrar una asamblea constituyente. La idea tiene un inconveniente que conocemos por la experiencia de otros países: cómo se puede pedir apoyo para una constituyente sin adjuntar unas líneas maestras del cambio que se persigue. No existe ningún grupo o movimiento con capacidad ni legitimidad para habilitar un espacio político donde se pueda opinar y escuchar. Por otro lado, no hay acuerdo sobre la naturaleza de la crisis que sufrimos: ¿Crisis institucional, crisis constitucional, crisis de la política, crisis del capitalismo…?

Es lógico hablar de “crisis institucional” cuando las instituciones, por un lado, resultan inoperantes y, por otro, se ven envueltas en graves casos de corrupción que minan su credibilidad. Sin embargo, el hecho de que, a pesar de todo, no se produzca una ruptura institucional como las que se han dado en la última década en América Latina es muestra de la fortaleza institucional de nuestro estado de derecho. Se habla “crisis constitucional” en dos sentidos: por referencia al fraude de la transición y por referencia a una superación histórica del modelo de 1978. Tanto lo uno como lo otro resulta incuestionable. Sin embargo, esas constataciones no apuntan con claridad a la conexión entre crisis constitucional y resolución de la situación actual. ¿Qué decir de la crisis de la política y del capitalismo?

No cabe duda de que lo que podríamos llamar “el movimiento anticapitalista”, aun siendo muy minoritario, ha experimentado un fuerte crecimiento en la última década. La rearticulación puede explicarse por una serie de desarrollos históricos y teóricos convergentes: el movimiento global contra la guerra y el imperialismo yanqui, el crecimiento de la conciencia ecológica y social y, a nivel más concreto, las esperanzas abiertas por los movimientos políticos latinoamericanos, en particular, por el éxito rotundo de la revolución ciudadana ecuatoriana.

Todo esto me lleva a pensar que 1) la asamblea constituyente forma parte de la salida de la crisis y 2) que el ideario anticapitalista va a tener un protagonismo importante en el proceso constituyente. Sin embargo, ¿cuándo una generación, a través de una revolución o de un proceso constituyente, ha conseguido cambiar el modo de producción? Pretender tal cosa es como intentar saltar sobre la propia sombra. La máxima “piensa global, actúa local” señala con claridad el ámbito y la línea de acción. El pensamiento debe abarcar el “modo de producción” mientras que la acción debe limitarse configurar el “modelo productivo”, es decir, ¿de qué y cómo queremos vivir? La clave del proceso constituyente es la transformación del modelo productivo empezando por el ámbito local y buscando, a partir de ahí, articulaciones con otros ámbitos. Las claves del modelo: cobertura universal de las necesidades, equilibrio local entre producción y consumo, sostenibilidad. La constitución política que sea capaz de articular un modelo productivo de estas características será una buena constitución.

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